Yuage (toalla/lienzo/cobija para bebé, para niña en este caso) (LIE0262)

Yuage (toalla para bebé), principios siglo XX Región de Izumo, prefectura de Shimane, Japón La urdimbre y la trama son de algodón hilado y tejido a mano en ligamento sencillo. La pieza se confeccionó a partir de dos lienzos cosidos lado a lado, dobladillados en los bordes superior e inferior. Despu...

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Formato: Objeto textil
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Acceso en línea:https://acervos.museotextildeoaxaca.org/Detail/objects/25472
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Descripción
Sumario:Yuage (toalla para bebé), principios siglo XX Región de Izumo, prefectura de Shimane, Japón La urdimbre y la trama son de algodón hilado y tejido a mano en ligamento sencillo. La pieza se confeccionó a partir de dos lienzos cosidos lado a lado, dobladillados en los bordes superior e inferior. Después de las costuras de unión y de dobladillos, se realizó el teñido mediante la técnica de dibujo libre con pasta de arroz. El color se obtuvo a partir de dos tonos de añil y un tinte rojo, probablemente akane, una variante de rubia (Rubia cordifolia). Las toallas para bebé de Izumo se caracterizan por el triángulo de color rojo en la esquina superior izquierda. Además de ser un artículo utilitario, esta toalla está repleta de significados que abogan por una vida próspera para la criatura a la que se cobijará. El color rojo se obtenía a partir de rubia (akane) o cártamo (benibana). La tradición explica que el rojo mantiene alejada a la maldad y, además, previene la infección provocada por la viruela, una enfermedad para la cual no se tenía cura en el periodo Edo. Dentro de los usos medicinales empleados tanto en Japón como en China, la rubia se recetaba para casos de hemorragias, ictericia y reumatismo; mientras que el cártamo se utilizaba cuando había fiebre, hipertensión y ciclos irregulares en la menstruación. El uso del color rojo también se relaciona con el poder y el estatus, pues recordemos que éste era uno de los colores prohibidos para el común de la población durante el periodo Edo. La parte roja de esta yuage estaba exclusivamente dedicada a secar el rostro de la criatura, mientras que el resto de la tela se ocupaba para secar el cuerpo. En cuanto a las imágenes que vemos, volvemos a encontrarnos con la pareja conformada por la grulla y la tortuga. En este caso, el pico cerrado del ave sugiere que la toalla estaba destinada a un bebé-niño; el pico abierto aludiría a una niña. Las largas líneas ondulantes tras las tortugas representan algas adheridas a sus caparazones y son un símbolo de excelente fortuna. Ambos animales enmarcan a tres árboles: al centro vemos las flores del ciruelo, cada una con cinco pétalos. A la derecha observamos las hojas alargadas y esbeltas del bambú. Arriba, con forma de pequeñas nubes, vemos al pino. Los tres elementos se conocen con el nombre de shōchikubai, coloquialmente hablando: “los tres amigos de invierno”. Estos árboles son símbolos antiguos de longevidad, fidelidad e integridad. Por un lado, el pino siempre permanece verde, vive muchos años y se piensa que es la morada de los dioses. El bambú, por su parte, se dobla cuando se cubre de nieve y, a pesar del peso que esto representa, sus tallos no se rompen; por lo tanto, es símbolo de resiliencia y resistencia. Finalmente, el ciruelo florece en medio del frío del mes de febrero, antes que cualquier otra flor y por ello, simboliza valentía. Se asocia, además, con sabiduría, pues se dice que un ciruelo florece cuando el conocimiento humano ha progresado. Dentro del pensamiento Confuciano, los tres árboles son modelos de virtud que toda persona debe seguir cuando se enfrenta a la adversidad. Durante el periodo Edo, esta triada fue un diseño sumamente popular en los teñidos de tsutsugaki.